Eduardo Galeano

Fragmento del discurso de inaguración de las jornadas ‘Chile crea‘ (Santiago de Chile, 1988)

‘Hemos venido desde diversos países, y estamos aquí, reunidos a la sombra generosa de Pablo Neruda: estamos aquí para acompañar al pueblo de Chile, que dice no.

También nosotros decimos no.

Nosotros decimos no al elogio del dinero y de la muerte. Decimos no a un sistema que pone precio a las cosas y a la gente, donde el que más tiene es el que más vale, y decimos no a un mundo que destina a las armas de guerra dos millones de dólares cada minuto, mientras cada minuto mata treinta niños por hambre o enfermedad curable. La bomba de neutrones que salva a las cosas y aniquila a la gente, es un perfecto símbolo de nuestro tiempo. Para el asesino sistema que convierte en objetivos militares a las estrellas de la noche, el ser humano no es más que un factor de producción y de consumo y un objeto de uso; el tiempo, no más que un recurso económico; y el planeta entero una fuente de renta que debe rendir hasta la última gota de su jugo. Se multiplica la pobreza para multiplicar la riqueza, y se multiplican las armas que custodian esa riqueza, riqueza de poquitos , y que mantienen a raya la pobreza de todos los demás, y también se multiplica, mientras tanto la soledad: nosotros decimos no a un sistema que no da de comer ni da de amar, que a muchos condena al hambre de comida y a muchos más al hambre de abrazos.

Decimos no a la mentira. La cultura dominante, que los grandes medios de comunicación irradian en escala universal, nos invita a confundir el mundo con un supermercados o una pista de carreras, donde el prójimo puede ser una mercancía o un competidor, pero jamás un hermano. Esa mentirosa cultura, que cursimente especula con el amor humano para arrancarle plusvalía, es en realidad una cultura del desvínculo: tiene por dioses a los ganadores, los exitosos dueños del dinero y el poder, y por héroes a los uniformados rambos que les cuidan las espaldas aplicando la Doctrina de seguridad Nacional. Por lo que dice y por lo que calla, la cultura dominante miente que la pobreza de los pobres no es un resultado de la riqueza de los ricos, sino que es hija de nadie, proviene de la oreja de una cabra o de la voluntad de Dios, que hizo a los pobres perezosos y burros. De la misma manera, la humillación de unos hombres por otros no tiene porqué motivar la solidaria indignación o el escándalo, porque pertenece al orden natural de las cosas: las dictaduras latinoamericanas, pongamos por caso, forman parte de nuestra exhuberante naturaleza y no del sistema imperialista del poder.

El desprecio traiciona la historia y mutila al mundo. Los poderosos fabricantes de opinión nos tratan como si no existiéramos, o como si fuéramos sombras bobas. La herencia colonial obliga al llamado Tercer mundo, habitado por gente de tercera categoría, a que acepte como propia la memoria de sus vencedores y a que compre la mentira ajena para usarla como si fuera la propia verdad. Nos premian la obediencia, nos castigan la inteligencia y nos desalientan la energía creadora. Somos opinados, pero no podemos ser opinadores. Tenemos derecho al eco, no a la voz, y los que mandan elogian nuestro talento de papagayos. Nosotros decimos no: nos negamos a aceptar esta mediocridad como destino.

Nosotros decimos no al miedo. No al miedo de decir, al miedo de hacer, al miedo de ser. El colonialismo visible prohibe decir, prohibe hacer, prohibe ser. El colonialismo invisible, más eficaz, nos convence de que no se puede decir, no se puede hacer, no se puede ser. El miedo se disfraza de realismo: para que la realidad no sea irreal, nos dicen los ideólogos de la impotencia, la moral ha de ser inmoral. Ante la indignidad, ante la miseria, ante la mentira, no tenemos más remedio que la resignación. Signados por la fatalidad, nacemos haraganes, irresponsables, violentos, tontos, pintorescos y condenados a la tutela militar. A lo sumo, podemos aspirar a convertirnos en prisioneros de buena conducta, capaces de pagar puntualmente los intereses de una descomunal deuda externa contraída para financiar el lujo que nos humilla y el garrote que nos golpea.

Y en este cuadro de cosas, nosotros decimos no a la neutralidad de la palabra humana. Decimos no a quienes nos invitan a lavarnos las manos ante las cotidianas crucifixiones que ocurren a nuestro alrededor. A la aburrida fascinación de un arte frío, indiferente, contemplador del espejo, preferimos un arte caliente, que celebra la aventura humana en el mundo y en ella participa, un arte irremediablemente enamorado y peleón. ¿Sería bella la belleza si no fuera justa?, Sería justa la justicia si no fuera bella?. Nosotros decimos no al divorcio de la belleza y de la justicia, porque decimos sí a su abrazo poderoso y fecundo.

Ocurre que decimos no, y diciendo no estamos diciendo .

Diciendo no a las dictaduras, y no a las dictaduras disfrazadas de democracias, nosotros estamos diciendo a la lucha por la democracia verdadera, que a nadie negará el pan ni la palabra y que será hermosa y peligrosa como un poema de Neruda o una canción de Violeta.’

Son casi las dos de la mañana, he recordado que Galeano tenía un discurso perfecto sobre la situación actual del mundo y he decidido regalároslo hoy. No voy a decir nada más, porque Galeano es de esos escritores a los que nada más se les puede añadir.

Sobran las palabras.

Versos y abrazos.

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2 comentarios »

  1. Eloi BLQ said

    Conocía este discurso, que como tú, no voy a comentar, porque él mismo nos habla y nos deja claro que está pasando.

    Sin embargo, voy a comentar lo que tu has dicho “…he recordado que Galeano tenía un discurso perfecto sobre la situación actual del mundo…”, un discurso del 88 según has puesto (yo pensaba que era incluso anterior 84 o 85), que paradójicamente se sitúa en una situación concreta de un país, pero que hoy en día viene a dar al quit de lo mal que está la situación en el planeta.

    También quiero reflexionar sobre lo que pasa en Chile, es verdad que ya no está la dictadura, es verdad que hay una democracia y, además, hoy en día es el país con mejor economía de América Latina, pero de todas formas, sigue siendo un país capitalista que se basa en el consumo y la explotación de los trabajadores, lo único que ahora no hay es tortura, que es mucho, y que se deja votar a la gente de vez en cuando, pero cogiendo el discurso de Chile y mirando que pasa en la política de este país, no ha cambiado nada de lo que se denuncia, solo la forma de gobernar y los nombres.

    un saludo y gracias por permetirme releer el discurso

    PD: estoy intentando conseguir de nuevo el libro que te recomendé, pero ahora estoy en Francia trabajando y este en casa de mis padres en Barcelona… pero pienso en ello

  2. Edgar said

    Este texto lo leí hace algunos años cuando mi pais era si se podria decir “victima” de una dictadura como fue la de Fujimori. Prensa amordazada y reprimida, television basura, violacion a los derechos humanos, corrupcion por todos lados y la impunidad al final de todo que es lo que mas apesta.
    Si bien es cierto mi pais logro escapar de aquella dictadura aun quedan las cicatrices.

    Pero siempre me he preguntado ¿cual es la solucion?
    en el mundo real nunca sera todas esas cosas que dice Eduardo Galeano.

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